
Y cuando lo veía y lo tenía en frente de mí, recaía en su mirada indefensa, tan fresca, tan sinceros sus ojos, y volvía a creerle, volvía a estrellar mi cerebro contra su inocencia, y volvía a adueñarse de mi. Como pude cometer semejantes estupideces? cómo no pude controlar mis impulsos y mandarlo al carajo? no lo sé, no pude. Porque lo amaba. Porque lo quiero, y porque me siento merecedora de las culpas que él me otorgaba, me sentía responsable por lo que le había provocado, e inconcientemente juraba con mis actos, que iba a recuperarlo.

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